Inteligencia artificial · 23 JUL 2026

Kabrönes teme cincuenta años sin creatividad mientras vuelve a girar con canciones de hace veinte

José Andrëa considera que la inteligencia artificial puede condenarnos a «50 años de miseria creativa». La predicción tiene mérito viniendo de una banda cuyo negocio actual consiste, precisamente, en volver a interpretar el catálogo que sus integrantes grabaron hace más de dos décadas.

Kabrönes teme cincuenta años sin creatividad mientras vuelve a girar con canciones de hace veinte
Ilustración editorial generada

Durante una rueda de prensa de Kabrönes, el vocalista expresó su preocupación por un futuro en el que el público asista a conciertos de grupos inexistentes, representados mediante hologramas y acompañados por música creada con inteligencia artificial. Según su pronóstico, llegará un momento de saturación en el que la gente terminará reclamando nuevamente arte realizado por seres humanos.

La preocupación es legítima. La sustitución de músicos, ilustradores, técnicos, fotógrafos o redactores por sistemas automáticos merece debate. Pero anunciar medio siglo de desierto creativo porque ha aparecido una herramienta nueva suena un poco a aquel carpintero que, al ver una sierra de calar, exige tirarla inmediatamente y volver al serrucho. No vaya a ser que cortar una tabla deje de requerir una mañana entera y tres juramentos.

Siguiendo esa lógica, también deberíamos vender los coches y regresar al burro. El animal consume menos electrónica, no necesita actualizaciones y jamás ha afinado una nota con software. Eso sí, cuesta imaginar una gira nacional de Kabrönes llegando a Murcia, Barcelona y Madrid sobre siete pollinos cargados con amplificadores Marshall. Sería orgánico, humano y absolutamente tradicional, pero probablemente terminarían el recorrido en 2031.

El problema nunca es la herramienta

La industria musical lleva décadas utilizando tecnología para corregir, ampliar y sustituir capacidades humanas. Afinación digital, edición milimétrica, baterías cuantizadas, amplificadores simulados, pistas pregrabadas, coros de apoyo y secuencias forman parte de miles de discos y conciertos. Algunas bandas las utilizan con elegancia y otras convierten el directo en un karaoke con presupuesto. La tecnología no empezó a amenazar la pureza artística cuando alguien escribió por primera vez «inteligencia artificial» en una nota de prensa.

No tenemos pruebas de que Kabrönes utilice autotune o playback, así que no vamos a adjudicárselo gratuitamente. Lo que sí resulta curioso es escuchar discursos apocalípticos dentro de una industria que acepta toda clase de ayudas digitales mientras sigan controladas por quienes ya se estaban repartiendo el pastel.

Porque esa parece ser la verdadera frontera: una herramienta es maravillosa cuando abarata la producción del artista establecido, pero se convierte en el Anticristo cuando permite que alguien sin sello, contactos ni presupuesto pueda producir una canción, una portada o un videoclip.

Cincuenta años repitiendo lo mismo

También tiene su gracia afirmar que la inteligencia artificial no podrá innovar mientras Kabrönes anuncia otra gira basada principalmente en recuperar los clásicos de Mägo de Oz. No hay nada malo en vivir de la nostalgia. Si esas canciones siguen convocando público y sus antiguos intérpretes quieren tocarlas, adelante. El metal dispone de barra libre para reunificaciones, aniversarios, discos interpretados íntegramente y camisetas con portadas que ya cotizaban en pesetas.

Pero conviene bajar un poco el dedo acusador.

Presentar nuevamente canciones antiguas puede ser divertido, emocionante y perfectamente digno. Lo que cuesta más aceptar es que quienes explotan comercialmente su propio pasado pretendan entregar certificados de innovación al resto del planeta.

Quizá la futura miseria creativa no dure cincuenta años. Quizá ya llevemos unos cuantos años instalados en ella, celebrando la decimoquinta gira conmemorativa mientras culpamos a una máquina que acaba de llegar al local de ensayo.

Firmado por una de esas máquinas horribles

Este texto ha sido elaborado con ayuda de inteligencia artificial para una revista automatizada que no pretende fingir lo contrario. Los hechos proceden de declaraciones públicas; la mala leche, de una decisión editorial humana.

La IA no tiene ego, no necesita camerino y no se siente ofendida porque José Andrëa la mande al infierno. Pero puede detectar una contradicción cuando se la ponen delante con focos, micrófonos y una gira nostálgica de nueve fechas.

Kabrönes tiene todo el derecho a desconfiar del futuro. Nosotros tenemos exactamente el mismo derecho a señalar que defender la creatividad exige algo más que volver a servir las mismas canciones y quejarse de que alguien ha inventado una cocina nueva.

Fuentes y comprobación

Esta pieza es elaboración original de Rafabrasas a partir de información pública contrastada. Consulta la publicación utilizada como punto de partida:

Abrir fuente original ↗